Por: Tania Martínez Suárez
“Los límites de mi idioma son los límites de mi mundo”
Ludwig Wittgenstein
El 21 de febrero se conmemora en México el Día de la Lengua Materna, todos tenemos una lengua madre, que es aquella en la cual aprendimos de nuestra mamá o nuestra familia las primeras palabras del lenguaje, en ese entendido, las lenguas originarias conforman parte del gran bagaje cultural de nuestro país, todas ellas junto con el español son las lenguas madres.
¿Cuál es la importancia de estas? forman parte de la identidad de cada persona, de cada región por lo que es imperante su conservación y difusión en virtud de que se fomentan valores como la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de la otredad; por medio de ellas se preservan conocimientos, se protege la diversidad cultural y se ejerce la protección de los derechos humanos. Exijamos y respetemos las otras lenguas que son un crisol acuñado a través del tiempo y en contra del exterminio del que se han sido objeto sus portadores. Las lenguas originarias están vivas, se mueven y se multiplican en la voz y la palabra de sus hablantes.
Algunos amigos políglotas me han dicho que uno solo insulta en su lengua materna, y pienso en un video que vi de un chico en Europa gritándole a quien pasaba ¡Chinga tu madre!, las personas lo ignoraban hasta que otro mexicano le respondió ¡Chinga la tuya!, el joven saltó de alegría y lo abrazó, porque había encontrado a alguien que le entendía, y podría darse el caso de que no le prestarán ayuda, pero ningún mexicano podría pasar por alto tal incitación.
Sí como dice Wittgenstein, los límites del mundo son los de mi lengua, ojalá pudiéramos empatizar con otros idiomas, y así ser más cercanos; ojalá en este idioma tan surrealista del español mexicano nuestras ideas dialogarán mejor.
Comparto los textos de algunas escritoras respecto a la lengua y al lenguaje:
Rosa Maqueda Vicente, Valle del Mezquital, Hidalgo. Licenciatura en Lengua y Literatura de Hispanoamérica en la Universidad Autónoma de Baja California habla y escribe en español y hñahñu.
Yä noya
Denda
nuua ra b´atha
da hoka
mâ mfeni.
Yä nthuhu
dega ndähi
gi theni ndunthi yä feni
yä feni ko ndunthi yä k´oi
yä nhe´í dega ñ´oy´i da ja ndunthi ya njohya
ha mâ zi mäka te.
Palabras
Desde
este valle
entrelazó,
palabras.
Los cantos
del viento
traen consigo recuerdos,
recuerdos que entretejen imágenes,
danzas de otoño
que alimentan mi alma.
Araceli Tecolapa Alejo, mujer nahua originaria de Zitlala, Guerrero. Habla y escribe en náhuatl. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación y Mercadotecnia por la Universidad Autónoma de Guerrero.
NITEILIA
Nejua nisiuatl tlin keyeua ipan inenepil
Tlatoli tlin nonana xkeman okito.
Nikpiya notson ueueyak tlin nonanantsitsintin
Kinekisia kitlakpilisia ipan tepetl kan noueyikatsatsilia.
Nejua nisiuatl tlin nipiya siuakokonej ipan nonan
Tlin tenonotsaskej keniki nejua oninen,
Keniki onenkej siuamej.
Nejua niteilis keniki onenkej nonan niman nonanantsin,
Keniki uistin onosalokej ipan itlanemilis
Keniki okeyekej mayantli ipan ijti,
Keniki ixpoxuan xkeman onauatkej
Niman itelpoxuan xkeman otlakakej,
Keniki insiuaixuiuan nochipa otlatemikej
Keniki intlakaixuiuan xkeman otlakatkej
Niktenonotsas keniki nonana otlaxini ika xochitl,
Niman keniki otlapayan nonanantsin ika nextamali.
Niteilis ika oniuatlakat ika istimej
Tlin no oselotatatsin kinekiya kauilisia itelpoch.
Nikitos ika siuamej inyesio otoyau
Nochipa kua inkoneuan oyeskiskej.
Ika Istiuan nonanatsin
Onokuepkej temej ipan tepemej
Ipan yeualtin kua xomestonak.
Nonan nochipa okichix
Ika nejua ma niteneua se tlatoli,
Niman tlatoltin tlayeualoua ipan notson.
Nochi noyesio keyeua uan ixtaka
Nochi uan ixtaka kimati kanon niualeua.
Kanon niualeua kimastika motoka
Motoka se tlayoltsintli
Yejon tleyoltsintli koyolicha tlaltipaktli.
NOMBRO
Soy la mujer que guarda en su lengua
las palabras que mi madre nunca dijo.
Tengo el cabello largo que mis abuelas
quisieron trenzar en el monte de los rituales.
Soy la mujer que tiene hijas en su útero
que contaran mi historia,
la historia de las mujeres.
Yo voy a contar la historia de mi madre y de mi abuela,
De las espinas que se clavaron en su memoria
Del hambre que guardaron en su estómago,
De sus hijas que siempre callaron
Lo sus hijos que nunca escucharon
De las nietas que siempre soñaron
De los nietos que nunca nacieron.
Voy a contar de las flores que sembró mi madre,
Y del maíz que molió mí abuela.
Voy a decir que nací con las garras
que el abuelo jaguar, quiso heredar a un nieto.
Voy a decir que la sangre de las mujeres
es la que siempre se derramó
cuando se desangraron los hijos.
Que las piedras en el monte
Son la uñas que mi abuela enterró
En las noches sin luna.
Mi madre siempre espero que yo
Pronunciará una palabra,
Y las palabras
Son una procesión en mi cabello.
Toda mi sangre guarda secretos
Todos los secretos son mi historia,
Mi historia dice tu nombre,
Tu nombre es una semilla y
Las semillas son el corazón de la tierra.
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925 – Tel Aviv, 1974) fue una destacada escritora, poeta, periodista y diplomática mexicana, pionera del feminismo y voz fundamental del indigenismo en México.
ESTOY AQUÍ, SENTADA EN TODAS MIS PALABRAS…
Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.
Los fragmentos
de mil dioses antiguos derribados
se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo
recomponer su estatua.
De las bocas destruidas
quiere subir hasta mi boca un canto,
un olor de resinas quemadas, algún gesto
de misteriosa roca trabajada.
Pero soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó del mar
ni el eco de la más pequeña ola.
Y no miro los templos sumergidos;
sólo miro los árboles que encima de las ruinas
mueven su vasta sombra, muerden con dientes ácidos
el viento cuando pasa.
Y los signos se cierran bajo mis ojos como
la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
Pero yo sé: detrás
de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,
y alrededor de mí muchas respiraciones
cruzan furtivamente
como los animales nocturnos en la selva.
Yo sé, en algún lugar,
lo mismo
que en el desierto cactus,
un constelado corazón de espinas
está aguardando un hombre como el cactus la lluvia.
Pero yo no conozco más que ciertas palabras
en el idioma o lápida
bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.
