Por: Tania Martínez Suárez
Somos presas, confinados a un ritual que no admite equivocaciones, una ola de eventos que nos aplastan es el día a día, la avalancha de efemérides, aniversarios, conmemoraciones, lunes cívicos, santorales, cumpleaños … una agenda setting que marca las pautas de la vida en sociedad.
Resulta complejo recordar tantas fechas, es humanamente imposible albergar cada hecho, y luego año con año tener siquiera tiempo para pensar en ello. Así en esta vorágine de la agenda setting confluyen las fechas importantes que son comunes a todas las personas, y están desde luego los momentos que atesoramos en lo privado, desde lo individual, yo soy incapaz de recordar el día exacto del cumpleaños de mi mamá o el del día en que murió, solo que sé abril me la recuerda con las flores que rebosan en los camellones de la ciudad y el rosal de la casa que ha crecido tanto como el techo de la segunda planta, junio me llena de tristeza y de colibríes que juguetean en mi jardín, así ella está siempre entre pétalos y capullos, no preciso de aniversarios para recordarla.
Ya no tomamos fotografías, dice mi querido Juan Carlos: “ capturamos cientos de imágenes, pero ya no las imprimimos, no las seleccionamos o trabajamos” permanecen en formato digital, pasan del teléfono a la computadora, al disco de almacenamiento, por sí un día podemos volver y mirarlas. La imagen entonces recobra ese carácter efímero, esas fotos que no vemos pueden ser el paisaje que solo nuestros ojos guardaron de aquel viaje entrañable o la carita de una niña salvaje que nació de ti, cuando el medico la levantó con una mano y ella con ojitos negros buscó mi voz en el frío de la sala de expulsiones, ese recuerdo permanece como una imagen nítida en mi memoría, ahora que la veo danzar y desplazarse cada vez más independient ese momento pristino reverbera en mí.
Pienso en la historia, en las fechas y la recapitulación del pasado que muy pocas veces ofrece un contexto y un análisis de los sucesos, en la letra muerta que representan las leyes, la constitución, las oraciones, los libros sagrados o los profanos. Sé que no puedo recordarlo todo, que no puedo abarcarlo de forma absoluta; así que vivo en el ahora; en el presente que me conduce al día a día, en el cotidiano y emergente proceso de mantener la vida y la cordura.
¡Alégrate, porque todo momento es aquí y todo lugar es ahora!
Buda
