Por: José Antonio Alcaraz Suárez
Cada pensamiento que sostienes, abre una puerta en la realidad, es la mente la que traza el mapa antes de que los pasos lo recorran. Te llevan de un mundo a otro, aunque la mayoría de estos pensamientos están influenciados para manipular y retener tu soberanía espiritual.
Las acciones de esos pensamientos son las consecuencias, más no los orígenes… el origen está en lo que se repite en silencio, en las frases internas que nadie escucha pero que gobierna decisiones, miedos y aspiraciones. Ahí se define mucho más de lo que se admite públicamente.
Les cuento que, por muchos años, fui asiduo de los descalabros mentales y emocionales. Ignoraba por completo que los pensamientos SON PORTALES, las puertas invisibles para transitar por esta realidad holográfica, un pilar importante para sostener La Matrix.
En este tiempo de maduración interna comprendí que las batallas más intensas no se libran en la calle, ni en las instituciones, ni siquiera en lo visible. Se desafían en silencio, en ese territorio íntimo donde nacen los pensamientos. Ahí, donde nadie aplaude ni sanciona, se decide mucho más de lo que creemos.
Pensar no es un acto inocente. Cada pensamiento funciona como un portal: abre posibilidades, construye escenarios, define rutas. No son solo ideas que pasan; son llaves que activan realidades. Lo que se sostiene en la mente termina buscando forma en la vida cotidiana.
SIGO SIENDO UN APRENDIZ
El error más común es creer que el universo responde únicamente a lo que deseamos y que es moralista. No es así. Responde con la misma intensidad a lo que tememos. La energía no distingue entre esperanza y miedo, entre anhelo y preocupación, entre bueno y malo. Solo recibe el mensaje constante que emitimos, y ese mensaje suele nacer en pensamientos que repetimos sin darnos cuenta.
Cuando el miedo se vuelve rutina mental, se abren portales de duda. Se normaliza la desconfianza, se anticipa la pérdida, se espera el fracaso. No porque sea inevitable, sino porque se le dio espacio. La mente, insistente, va dibujando un camino antes de que los pies lo recorran.
Lo mismo ocurre al revés. Pensar en calma no es ingenuidad; es estrategia. Pensar en amor no es debilidad; es dirección. Pensar en abundancia no es fantasía; es disposición. Cuando esos pensamientos se sostienen, se abren caminos donde las cosas comienzan a fluir, donde las decisiones se toman con mayor claridad y las oportunidades encuentran terreno fértil.
Las acciones no nacen de la nada. Antes de cada paso hubo una idea, una creencia, una narrativa interna, y ellas nacen de las filosofías, religiones, la música (lo que escuchas con repetición te programa) y hasta de seres parasitarios (entes) que controlan al humano. Primero se construye el mapa mental y luego se camina, muchos no son conscientes de construir ese mapa. Por eso cuidar los pensamientos no es un consejo espiritual vacío, sino un acto de responsabilidad personal.
Cada pensamiento es una llave. Algunas abren puertas hacia el crecimiento, la confianza y la posibilidad. Otras conducen al estancamiento, al desgaste y a la repetición del miedo. Nadie más elige qué puerta se abre. Esa decisión ocurre todos los días, en silencio, dentro de cada persona.
GRACIAS
