Por: Tania Martínez Suárez
Descansa
Respira, descansa. Descansa de todo, pero principalmente de ti misma, de la idea que tienes de ti, de las obligaciones que te auto impones, de la postura recta, de las horas asignadas en tu bella agenda de mándalas, descansa de las reuniones, de las peticiones por escrito y las confirmaciones telefónicas. Descansa del tránsito, de la multitud y los papeles a representar, de las tareas propias y de los demás, de tus ideas y pasiones, descansa para que la raíz se fortalezca y las flores te maravillen otra vez.
Descansa de la rutina que te expulsa al exterior, ver hacia afuera, perseguir el segundero y el transporte, reducir el tiempo a una medida exacta que no cabe en el universo, respira, hazte hija de la pausa, reconfortante en el calor de tu nido, abullonado rincón donde el café y el té hierven al ritmo del Multiviral de Calle Trece y Teloniuos Monk entre plantas y libros, descubre una serie o una película nueva.
Reconoce en ti el paso de los años, de la vida que se acumula y el trayecto que has recorrido, descansa y siembra la nueva cosecha, abre lo oídos al silencio ominoso e imperturbable, a los llamados de las aves justo antes del amanecer, deléitate con los brotes de las monsteras o los cambios que experimenta el cielo a lo largo del día. Mirate, cabello y manos, ¿se han engrosado tus pies?, eleva una plegaria o una carcajada.
Nostalgia
La nostalgia es un vestido que huele a salvia, basta que un recuerdo te atraviese para que aparezca… mi abuela me daba té de hojas de bugambilia y naranjo era todo un ritual verla prepararlo, cuando estaba listo aparecía primero el olor como si viniera de otra época, luego el vapor que se esparcía por la cocina como testimonio de que alguien habitaba la casa, me entusiasmaba que de su alacena aparecieran los terrones de azúcar, pocas cosas me la recuerdan tan nítidamente, esos comprimidos tan perfectamente apoltronados se disolvían lentamente en el fondo del jarro en un pequeño torbellino causado por la cuchara.
Tengo una pequeña tradición para año nuevo, vamos a comprar lo que necesitamos para la cena uno o dos días antes, elegimos despacio los insumos, vamos a nuestras tiendas favoritas, la primera parada siempre es Trico, luego algo de comer, Anfora, un café, Plaza Bella, caminar por esta ciudad de cierzos y nostalgia, todas quienes he sido han caminado estas calles. Buscar pintura para renovar la casa, un postre para la cena o algo nuevo para la cocina.
Nostalgia por aquello que ya no es, que se desdibuja y escapa como la tiza en las manos, se volvió ceniza. La nostalgia da cabida al recuerdo, a las conversaciones entabladas con quienes amamos, cobra carácter de eterno e imperturbable, duele y reconforta saber que de alguna manera seguimos siendo parte de una historia compartida.
Víspera
En el mundo entero se celebra que un año se extingue y otro nace al segundo siguiente, es una oportunidad que se presenta y cualquiera puede tomarla, hay quien hacen ritos y comen uvas al ritmo de las campanadas, hay quienes se pierden en la fiesta infinita con el oropel que obnubila y distrae, otras personas reflexionan y planean, trazan objetivos, agradecen, aprendieron lecciones y van con calma a un nuevo estadio; hay quien solo cambia el calendario y sigue.
La víspera de año nuevo es un portal, se abre para que podamos vernos a través suyo. ¿Quién eres hoy?
