Por: Tania Martínez Suárez
El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión se conmemora cada 13 de enero, una fecha fundamental para concienciar sobre este trastorno mental, eliminar el estigma y promover la búsqueda de ayuda profesional, ya que afecta a más de 300 millones de personas a nivel mundial. Es una causa principal de discapacidad y pérdida de calidad de vida. millones de personas globalmente y no distingue edad, género o nivel socioeconómico.
Es un vacío que nos resguarda dentro de su oquedad, la depresión es un estadio humano por el cual muchas personas hemos atravesado, no está mal o bien sentirse deprimido, es una circunstancia que nos atraviesa. La vida es maravillosa, pero parte de su magnífica complejidad implica también la tristeza, el dolor o la depresión. Es parte de nuestro transitar social y personal, porque no todo sale como pensábamos, porque debemos hacer frente a situaciones que no pedimos o no propiciamos, muchas veces son injustas y frustrantes, y es válido sentir que no podemos con el peso de las consecuencias.
Al aprender a gestionar nuestras emociones, a identificar nuestro recursos y habilidades, nuestros puntos fuertes y las áreas de oportunidad podremos manejar mejor las dificultades en nuestro entorno, a medida que logramos un autoconocimiento mayor y somos conscientes de que el tiempo nos da la oportunidad de sentirnos mejor. Sin embargo, no hay que juzgar o forzar a “estar mejor” o “echarle ganas” a las personas que manifiestan síntomas de depresión, no es la manera de ayudar; lo que sí podemos hacer es acompañar, escuchar, ofrecer un abrazo o lo que ellas necesiten y esté en nuestras manos otorgar.
Las palabras ayudan, también el futuro que se construye al paso del tiempo, para quien se siente deprimido o deprimida, no hay razón para avergonzarse, siempre habrá algo, por minúsculo que parezca, que nos ayude a abrir la mente y el corazón. Les dejo un poema, una Oda a la tristeza.
Oda a la tristeza
Pablo Neruda
Tristeza, escarabajo,
de siete patas rotas,
huevo de telaraña,
rata descalabrada,
esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasa.
Ándate.
Vuelve
al sur con tu paraguas,
vuelve
al norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entre el aire del mundo
las rojas rosas nuevas,
las bandera bordadas
del pueblo y sus victorias.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
tus alas de murciélago,
yo pisaré las plumas
que caen de tu mano
yo barreré los trozos
de tu cadáver hacia
las cuatro puntas del viento,
yo te torceré el cuello,
te coseré los ojos,
cortaré tu mortaja
y enterraré, tristeza, tus huesos roedores
bajo la primavera de un manzano.
