Por: José Antonio Alcaraz Suárez
Hace mucho tiempo, un amigo me contó la historia de un hombre bondadoso y servicial que descansaba recostado en un camastro, junto a una piscina donde varias personas nadaban tranquilamente. De pronto, notó que uno de los bañistas se dirigió a la zona más profunda y comenzó a ahogarse. Sin pensarlo, su primer impulso fue lanzarse al agua para salvarlo.
Sin embargo, ya dentro de la piscina recordó algo crucial: no sabía nadar. El desenlace fue trágico. El hombre que se ahogaba murió… y quien intentó rescatarlo también. La historia no habla de falta de bondad, sino de falta de conciencia. Querer ayudar sin estar preparado puede convertir un acto noble en una tragedia doble.
Cuando era niño, social y religiosamente me educaron para anteponer a los demás: “primero está el prójimo”, me decían, porque en ese acto de sacrificio a los demás, recibiría una recompensa divina. Era algo incuestionable. Si pensaba primero en mi, se veía como un acto sospechoso de egoísmo.
Hoy, después de muchos años, las cosas cambiaron. SOY MI PRIORIDAD y hoy comparto lo que tengo, incluso como UN SERVICIO. Los estoicos lo entendían con una claridad brutal. Advertía que “no somos responsables de lo que ocurre fuera de nosotros, pero sí de cómo lo enfrentamos. El cuerpo, la mente y el espíritu son el primer territorio que debemos gobernar. Si ese territorio está en ruinas, nada de lo que construyamos hacia afuera se sostiene”.
NADIE PUEDE VIVIR BIEN SI SE VIVE DESCUIDÁNDOSE A SÍ MISMO
Cuidarte no es abandonarlos a ellos. Es reconocer que solo puedes ofrecer lo que realmente tienes. Cuando estás exhausto, das cansancio. Cuando estás vacío, das carencias. Cuando estás roto, repartes fragmentos. Y aun así, muchos siguen dando, ayudando, sosteniendo, fingiendo fortaleza mientras por dentro se libran batallas silenciosas que nadie ve. Noches largas, pensamientos pesados, sonrisas ensayadas. Esa es la trinchera privada que solo tú conoces.
Desde una mirada más mística, cuidarte es un acto de coherencia con el universo. La vida no te fue dada como un préstamo para gastarlo en el olvido de ti mismo, sino como una misión irrepetible. Hay un propósito que solo tú puedes cumplir, no porque seas más importante que los demás, sino porque eres único. Cada vez que te ignoras, ese propósito se apaga un poco. Cada vez que te escuchas, se enciende.
El estoicismo y las tradiciones espirituales coinciden en algo esencial: el verdadero amor no empieza afuera. Empieza en el respeto profundo por uno mismo. Entrenar el cuerpo no es vanidad, es disciplina. Cuidar la mente no es debilidad, es sabiduría. Alimentar el alma no es lujo, es supervivencia. Todo lo demás es accesorio.
Quizá lo más radical hoy no sea sacrificarse, sino detenerse. Preguntarse con honestidad: ¿cómo estoy?, ¿qué necesito?, ¿qué estoy postergando de mí por cumplir con todos los demás? Porque al final, lo más valioso que tienes no son tus vínculos, ni tus logros, ni tus posesiones. Eres tú. Y si tú no te cuidas, nadie —absolutamente nadie— puede hacerlo por ti.
GRACIAS
